
Se veía venir. No era sino cuestión de tiempo. Quizás el resultado 'mentiroso' ante Atlético Nacional hizo que el desenlace se demorara un poco, pero bastaron sólo dos partidos para que se rompiera, de nuevo, la relación con la hinchada. Es triste, pero cierto, Millonarios ya no es un equipo grande y sólo la historia le permite mantener un 'protagonismo' que ya nadie se cree.
En cualquier actividad, cuando exiete el fracaso, hay responsables. Pero en Millonarios no hay tal. Juan Carlos López, como presidente, ha fracasado en la parte deportiva y administrativa. Pero sigue campante, como si nada. Luis Augusto García, el técnico, no es del afecto de la hinchada, pero sigue firme en el puesto, a pesar de los resultados, y ahora, para tapar su ineficiencia, recurre a los improperios. Y los jugadores... Tema difícil. A un grupo de jóvenes se le ha unido un grupo de mal llamados 'refuerzos' y que en materia deportiva no sobresalen. En resumen, una mezcla explosiva que tiene que dar como resultado un equipo sin alma, que no encanta y, lo más grave, que no consigue resultados.
Y la hinchada. La parte positiva. Y como esa es la fortaleza de este equipo, lo único que cabe es acudir a ese eslabón de la cadena, que es el más fuerte. Si quien paga la boleta decide, con justa causa, no volver al estadio mientras no exista un proyecto serio y responsable, quizás los hombres del escritorio y del banco se vean obligados a reaccionar y de una vez por todas a dejar el camino libre para que nuevos vientos refresquen la institución.
Gente que quiere ver a Millonarios en lo más alto existe, pero mientras se mantengan las personas que tanto daño le han hecho al equipo, se mantendrán al margen... El balòn sigue rodando y Millonarios...







